¿ Quién es este Cantor?
Veamos la opinión de Olga Orozco,
1985, escritora, pero por sobre todo, una mujer.
Se sabe que durante dos décadas
ha conquistado en vivo el fervor de las multitudes con su increíble
voz de pájaro cantor; que es soltero por generosidad
hacia todas las mujeres; que su sonrisa casi permanente "entra"
compradora, desde una dentadura irreprochable; que es canchero,
atrayente y simpático; que usa gacho gris, zapatos de
charol y camisas de seda rayadas; que se viste de gaucho lujoso
y tintineante, con chiripá bordado, para los escenarios
y que lleva galera alta en el Hipódromo de Longchamps;
que de entrecasa usa piyama de vestir; que come puchero en la
mesa 48 del Tropezón y pavo trufado en los salones de
las condesas parisienses, pero que prefiere el bife hecho a
la pala, al estilo albañil y el mate dulce con bizcochos
con grasa en la intimidad; que se rocía con champagne
y con pernod por dentro y con Bond Street por fuera; que adora
la noche desvelada y ojerosa del café; que tira "ventolina
a dos manos" entre los amigos verdaderos, entre "los
amigos que el oro le produjo", entre los desamparados callejeros
y bajo las patas de cualquier burro roncador, que es tristemente
alegre, desenfadado y dicharachero; que es alegremente triste,
parco y retraído; que se plancha el pelo con gomina,
quizá para que aniden en él los rayos misteriosos;
que se castiga con golpes de toalla mojada para ahuyentar la
obesidad; que canta con los ojos cerrados como un ciego; mientras
que en la "esquina rea cualquier cacatúa, sueña
con la pinta de Carlos Gardel".
Y la opinión de un hombre,
Ernesto Segovia, 1963, periodista.
¿ Puede hablarse, realmente,
de que Gardel ha muerto?
Su presencia es tan viva, su voz nos
acompaña tanto, que la ausencia física del gran
cantor parece siempre la de un corto viaje cuyo regresa se espera.
Y es que él era todo voz, todo
sentimiento, y su voz y su sentir están siempre en las
magníficas grabaciones que realizó.
Lo mejor de él, pues, lo verdaderamente
representativo, su arte inigualado, no ha podido desaparecer
entre las llamas del incendio con que comienza la leyenda de
una de las grandes figuras, no ya porteñas, sino también
mundiales, del canto popular.
Las nuevas generaciones pueden saber
quien era Gardel. Basta el simple acto de que la púa
caiga sobre el surco en que su voz quedó apresada, para
que Gardel siga eternamente, gloriosamente, cantando ...
Gardel, pues, no ha muerto, ya que
su voz vive y alienta los detalles de su tránsito, que
solamente tienen el interés de certificar el inmenso
cariño que nuestro pueblo -como otros tantos pueblos
de América y el ancho mundo- tuvo por él.
El día de la tragedia de Medellín,
un hombre moría entre otros, pero un Mito entrañable
nacía para el alma porteña.
Un Mito que se identifica vitalmente
con el alma de Buenos Aires y de toda América.